El sí de nunca jamás - Dromómanos
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El sí de nunca jamás

Escribo este post en Caracas, cinco meses después de haber comenzado el viaje. Estoy en un centro cultural vacío y Lady Gaga resuena a todo volumen en una bocina a lado del enchufe donde estoy conectada. Es el lugar más cercano a nuestra casa con buen wifi. Pero otro día hablaré de Venezuela y sus problemas logísticos.  Han pasado cinco meses desde que empezó el viaje y este es el segundo post que escribimos. Vivo peleada contra el tiempo. Los días pasan y cambian los lugares, las tareas, las personas alrededor, pero yo sigo atrapada en Río de Janeiro, la ciudad culpable de todos nuestros retrasos. 

Decidimos empezar en Río de Janeiro porque la campaña Instinto de Vida, de la que En Malos Pasos forma parte, arrancaría en Brasil. Porque después del Mundial y los Juegos Olímpicos, Río sufre una crisis económica y de seguridad, que ha desatado una violencia urbana que no se había visto en años. Porque en Río de Janeiro está Gustavo, un amigo carioca que nos hace sentir siempre como en casa. Porque después de dos años viviendo en ciudad de México estábamos locos por salir de ahí.

Río de Janeiro desde la casa de Gustavo.

Pero Río de Janeiro tiene su propio ritmo y se corona en lo absurdo y la informalidad. El año empieza después de carnaval, es decir, hasta marzo. Y por ser tan bonita y festiva, siempre hay una sensación de vacaciones en el ambiente. Trabajar es difícil.  Para un extranjero es incluso deprimente. Uno está yendo a la Baixada Fluminense, la  zona más violenta y   pobre del estado, mientras la gente juega voleibol y hace rutas por las montañas.

Río Olímpico en la Baixada Fluminense.

El mayor problema fue agendar entrevistas y lidiar con el sí de nunca jamás. Yo, desde hace años,  soy experta en el acoso virtual. Si alguien ignora mis mails, reenvío hasta que me contesten por hartazgo. En este caso, lo hice con Whatsapp porque en Río ya nadie responde al teléfono y todo mundo se escribe por “Zap”. Pero lo peor no era que me ignoraran,  sino que siempre me decían que sí y nunca agendaban. Cuando pedía una entrevista, solían responderme: “Oi, querida, claro. Será um prazer”. Cuándo preguntaba cuándo y a qué hora,  yo lidiaba con días de silencio y ellos con  mensajes acosadores: oi? Quando? Tudo bem? Pode me responder?  Que acha de nos encontrar amanhã?  y el clásico ???.

Río de Janeiro es una de las ciudades más absurdas. Es normal que un día aparezca un refrigerador flotando en la playa de Leblon, que un tipo reúna un montón de mierda y se ponga un cartel en medio de la calle llamándose a sí mismo «el rey de la mierda», que unos funcionarios sean sorprendidos pescando en horas de trabajo, que un traficante entregue a unos policías a la propia policía o  que el periódico suba noticias de una señora que graba gatitos cayendo de un edificio.

Foto de María Martín.

Hay dos claves para sobrevivir a Río. La primera es adoptar su ritmo. Ir a la playa, comer feijoada y tomar cachaça en lo que las cosas se resuelven.  La segunda es reírse. Nuestra amiga María colecciona noticias bizarras que suceden en Brasil, el país ganador de la primera guerra mundial de memes.   No se puede pelear contra una ciudad, hay que asumirla.

La última semana en Río, a finales de marzo, nos confirmaron decenas de entrevistas de golpe. El acoso tuvo resultados.  Pero los estragos siguen hasta hoy. Viviendo a destiempo. Viendo Caracas mientras escribo de Río.

 

 

 

 

 

 

 

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