"Mi hijo no tuvo oportunidad" - Dromómanos
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Él estaba en el pie de la escalera, sin camisa: le encantaba mostrar el cuerpazo que tenía porque hacía capoeira. Le pasé la mano en la cara y en el pecho y le dije: «Vas a ser igual de peludo que tu padre». Él se río, con su sonrisa de pillo. Fue la última vez que lo vi.

 

El día anterior él estaba en casa conversando con los amigos en el portón. Otro amigo lo llamó para ir a comprar una pieza de bicicleta. Fueron a Nova Iguaçú y cuando regresaba, los policías estaban bajando por la avenida y ellos fueron los primeros en morir. Tiraron contra ellos. Pasaron por las calles matando aleatoriamente a las personas (en la llamada «Masacre de la Baixada Fluminense» en 2005, 29 personas fueron asesinadas por la Policía Militar).

 

Me enteré por el periódico que lo habían matado. Ese día yo estaba con una amiga que acababa de perder al marido. Pasó todo y no me enteré de nada. Cuando llegué, mi otro hijo me contó que había habido una matanza, pero no sabíamos que Rafael estaba entre los muertos. Un policía le dijo a su hermano: «Si te sirve de consuelo, no sufrió nada. Murió al momento». Rafael no tuvo oportunidad alguna de huir, porque si la hubiera tenido, habría corrido o le habría dado una patada o algo. Recibió un tiro en la columna y cayó de inmediato.

 

Tuve un sueño en el que me decía cómo fue. Es la única vez que soñé con él, ya adulto. Tenía 17 años. Se me apareció vestido como fue enterrado, todo de blanco, y él me decía: «Mamá, yo no vi nada. Solo vi todo oscuro».

 

Yo no lloré en el entierro ni en el velorio. Cuando llegué a casa y puse todo para dormir, agarré su saco y su identificación, me senté en el pie de la escalera y me puse a llorar.

 

Río de Janeiro, Marzo 2017.

 

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LUCIENE SILVA

Madre

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